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El Servicio Postal ha engañado a los carteros durante años

A Nancy Campos le dolía la espalda mientras cargaba más de 100 paquetes de Amazon en su camión. Esta abuela de 59 años, cartera del Servicio Postal de Estados Unidos, había trabajado 13 días seguidos sin descansos para comer, y ahora estaba trabajando el día feriado de Martin Luther King Jr. para mantenerse a la par del flujo interminable de cajas.

Al final de su turno ese día de enero, Campos rellenó su tarjeta de asistencia. Luego le tomó una foto, como prueba.

“Sabía lo que iba a pasar”, dijo Campos, quien reparte el correo en Midland, Texas, “porque pasa cada periodo de pago”.

Dos semanas después, cuando revisó su talón de pago salarial en el sistema de nóminas, dijo que le faltaba el pago de seis horas extras. Eso sumaba unos $201 dólares en salarios perdidos, lo que equivale a una semana de víveres.

Trabajadores de correos de todo el país comparten su frustración.

Según una investigación del Center for Public Integrity, el Servicio Postal ha robado regularmente horas de trabajo a sus carteros. Los gerentes de cientos de oficinas de correos de todo el país les han pagado de menos, de forma ilegal, a los trabajadores por hora durante años, según han descubierto mediadores e investigadores federales.

Los registros de mediación privada cuentan parte de la historia. Entre 2010 y 2019, al menos 250 gerentes de 60 oficinas de correos fueron sorprendidos cambiando las tarjetas de asistencia de los carteros para mostrar que trabajaban menos horas, lo cual resultó en salarios no pagados, según un lote de resúmenes de laudos de mediación obtenidos por el Center for Public Integrity para casos presentados por uno de los tres principales sindicatos postales.

Los supervisores a quienes se les descubrió haciendo trampas rara vez se les sancionó, y a menudo sólo recibieron una advertencia o más capacitación. En cuatro ciudades, los documentos de mediación muestran que los gerentes de las oficinas de correos continuaron alterando las tarjetas de asistencia después de prometerles a los líderes sindicales que dejarían de hacerlo.

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Mientras tanto, desde 2005 el gobierno federal ha citado al Servicio Postal 1,150 veces por pagarles de menos a los carteros y otros empleados, incluyendo un caso que involucró 164 infracciones, según datos del Departamento de Trabajo obtenidos a través de una solicitud de la Ley de Libertad de Información. La agencia determinó que esos trabajadores perdieron unos $659,000 dólares en salarios. Sin embargo, le permitió al Servicio Postal devolver menos de la mitad tras negociar con la agencia, una práctica habitual en el Departamento de Trabajo. En aproximadamente el 19% de los casos no se indicó si el Servicio Postal les había pagado a los empleados lo que se les debía.

Estos resultados apuntan a un robo salarial generalizado en la emblemática institución cuasi-gubernamental. Sin embargo, sólo ofrecen una visión parcial del problema. No se han captado los casos de mediación presentados por otros sindicatos postales ni las reclamaciones por robo de salarios resueltas antes de llegar a mediación.

Los casos siguen apareciendo mientras el Servicio Postal tiene dificultades para pagar $188,000 millones de dólares de deuda y pasivos no financiados, acumulados en gran parte porque la ley federal lo obliga a pagar por adelantado las prestaciones de salud y pensiones de los jubilados. La agencia ha suprimido casi 142,000 puestos de trabajo desde 2007, y en marzo de 2020 necesitó un préstamo de emergencia de $10,000 millones de dólares del Congreso para ayudar a pagar sus facturas.

Los carteros dicen que sus supervisores enfrentan una intensa presión para mantener bajos los costos de las horas extras. Al mismo tiempo, el aumento de los pedidos en línea, impulsado por la pandemia, está agobiando a los carteros con el volumen de paquetes. Y no pueden contar con que se les pague todo su trabajo.

Un portavoz del Servicio Postal, David Partenheimer, dijo que la agencia no tolera que los supervisores realicen ajustes no justificados en las tarjetas de asistencia y que se toma en serio dichas acusaciones.

“Esta postura se la transmiten directamente al personal de correos los dirigentes de correos, incluyendo el Vicepresidente de Operaciones de Entrega, quien periódicamente dicta las políticas relacionadas con la administración apropiada de tarjetas de asistencia para los supervisores”, escribió Partenheimer en un correo electrónico al Center for Public Integrity. No quiso hacer comentarios sobre casos específicos.

Campos dijo que la agencia todavía le debe miles de dólares por otras dos reclamaciones de robo de salario que resolvieron antes de que ella descubriera la falta de pago de horas extras en enero. Dijo que su jefe le prometió que le pagaría por trabajar el feriado, pero nunca lo hizo.

“Ya me harté. Ya basta”, dijo Campos, quien compartió con el Center for Public Integrity copias de sus hojas de trabajo y talones de pago. “Dependemos de ese dinero. Cuando no te pagan lo que te deben tienes la sensación más horrible”.

Un problema sistémico

Todas las mañanas, Campos y otros miles de carteros de todo Estados Unidos pasan su tarjeta de identificación por las oficinas de correos locales para checar sus entradas. Clasifican el correo para sus rutas, comprueban los artículos no entregados y cargan sus camiones. Pasan sus tarjetas de identificación un par de veces más cuando comienzan y terminan sus rutas de reparto y otras tareas, y una vez más cuando terminan el día.

Se supone que todo esto sucede en un turno de ocho horas para la mayoría de los carteros. Esto se debe a que el Servicio Postal no quiere pagar las horas extras, que se pagan a un 50% más según la ley federal. El inspector general ha amonestado en repetidas ocasiones a las oficinas de correos por gastar miles de millones de dólares en horas extras cada año y ha instado a los gerentes a reducirlas.

Pero los carteros dicen que es imposible ponerse al día. Después de todo, y como ya es sabido, el Servicio Postal está corto de personal en un momento en que los carteros están repartiendo una cifra récord de paquetes. Tan sólo en 2019, entregaron 1,500 millones de artículos para Amazon, casi un tercio de los paquetes del minorista en línea.

Eso significa que los carteros registran muchas horas extras. Y no es raro que los gerentes entren en el sistema y borren algunas de ellas. A veces, los cambios muestran que los carteros terminan sus turnos antes o se toman un descanso no remunerado para almorzar, según la revisión hecha por el Center for Public Integrity de las decisiones de mediación privadas que mantiene la Asociación Nacional de Carteros, un sindicato con casi 290,000 miembros, aproximadamente el 45% de la plantilla total de la agencia.

En la mayoría de estos casos, los directivos no presentaron la documentación requerida para explicar los cambios o notificar al empleado afectado. En otras ocasiones, los supervisores simplemente les dijeron a los carteros que checaran sus salidas después de ocho horas y siguieran trabajando sin cobrar.

Eso les sucedió regularmente a Maverick Tran y a algunos de sus compañeros en San José, California, según la decisión de 2019 de un mediador independiente.

Tran le dijo al mediador, quien actúa como un juez en este tipo de disputa legal, que dos supervisores le decían a menudo que checara manualmente la salida a las 6 p.m. si se le hacía tarde repartiendo el correo.

“Todavía no he descargado mi camión ni he vaciado nada, pero estaría fuera de mi horario”, dijo durante una audiencia a puerta cerrada en la oficina principal de correos de San José.

Un compañero de trabajo dijo que los gerentes solían checar ellos mismos su salida antes de que él regresara a la estación. Otro cartero dijo que le indicaron que checara su salida antes del final de su turno para evitar “horas extras no autorizadas”.

Uno de esos compañeros, Rafael Zambrano-Lay, dijo que tenía tanto miedo de volver a su oficina de correos después de las 6 p.m. que se saltaba las comidas, renunciaba a los descansos y corría mientras llevaba el correo a las casas de los clientes.

Zambrano-Lay no respondió a una solicitud de comentarios y Tran se negó a hablar del caso.

Su representante sindical le dijo al mediador que casi todos los supervisores de las 12 oficinas de correos de San José habían manipulado indebidamente las horas de los empleados cada semana durante al menos tres años. En un período de ocho meses en 2017, el sindicato descubrió que estos cambios no autorizados les quitaron a los carteros 77 horas regulares y 1,864 horas extras, lo cual les costó colectivamente entre $52,000 y $90,000 dólares en salarios perdidos.

En la audiencia de mediación, un representante del Servicio Postal no explicó por qué los directivos cambiaron las tarjetas de asistencia de los carteros. Dijo que el comportamiento no era generalizado.

Nancy Hutt, la mediadora, no coincidió con esto. Después de revisar las tarjetas de asistencia de 240 carteros en San José, Hutt dijo que se alarmó. Los datos “reflejan una práctica generalizada por parte de la gerencia de borrar y alterar voluntaria y repetidamente los registros de tiempo de los carteros”, escribió en su decisión.

Otros mediadores expresaron haber quedado igualmente sorprendidos al revisar dichas alegaciones.

“Es algo abominable”, escribió un mediador en Nashville en 2018 cuando se le presentaron pruebas de que un gerente había borrado las horas de trabajo de los carteros. “Es un acto, según mi opinión, al mismo nivel que el robo”.

En Boston, la mediadora Katherine Morgan calificó el patrón de robo salarial de “sistémico” y “atroz”. En una decisión de 2019, describió los cambios en las tarjetas de asistencia como graves delitos federales “que no pueden tratarse a la ligera, y que podrían conllevar multas e incluso penas de cárcel”.

En total, los mediadores descubrieron que los gerentes de correos de al menos nueve estados alteraron ilegalmente las tarjetas de asistencia de los carteros en los últimos años, robando las horas a más de 900 de ellos. Le ordenaron al Servicio Postal que dejara de falsificar las tarjetas de asistencia y que les devolviera lo debido a los empleados afectados.

“Es algo difícil de creer”, dijo Jennifer Williams, ex cartera del área de Atlanta. “Éste es un trabajo estatal. Nadie debería ir a trabajar y preguntarse si va a poder cobrar”.

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Williams, de 36 años, dijo que sus compañeros de trabajo le advirtieron que debía mantener un registro de sus horas cuando fue contratada como cartera en febrero de 2020. Dice que no recibió su primer pago y que tuvo que presentar una reclamación ante el sindicato para que le pagaran. Cuando llegó su segundo pago, dijo Williams, le faltaban cinco horas extras. Otro supervisor le dijo a Williams que su jefe había borrado las horas, según la demanda que presentó contra el Servicio Postal en una corte federal.

Dijo que, cuando tocó el tema de las horas extras desaparecidas ante su jefa por teléfono, ésta la regañó. Unos días después, Williams dijo que el camión de correo que conducía se averió y fue despedida por no terminar su ruta. Entabló una demanda en septiembre de 2020, alegando que fue despedida ilegalmente por quejarse del robo de salarios.

“Estaba muy disgustada porque dependía del trabajo en la oficina de correos para mantenerme a flote”, dijo Williams, quien dijo que tuvo que aceptar un empleo mal remunerado en una fábrica de filtros después de su despido.

Partenheimer, el portavoz del Servicio Postal, declinó hacer comentarios sobre la demanda. Pero en las actas judiciales, los abogados de la agencia negaron que un supervisor borrara las horas extras de Williams o que fuera despedida por quejarse de la falta de pago. Ambas partes llegaron a un acuerdo en junio, y el Servicio Postal aceptó pagarle a Williams $2,356 dólares en concepto de daños y perjuicios y $3,143 dólares en concepto de honorarios de abogados.

Williams dijo que extraña trabajar en la oficina de correos. Hace tiempo veía la agencia igual que otros miles de estadounidenses negros antes que ella: un trabajo estable con buenas prestaciones y un sueldo decente.

El Servicio Postal ha sido durante mucho tiempo uno de los mayores empleadores de afroestadounidenses en Estados Unidos. Durante la época de la lucha por los derechos civiles, era un lugar en el que los trabajadores negros podían progresar en sus carreras sin tantas barreras como el sector privado, dijo Frederick Gooding, profesor de estudios afroestadounidenses de la Universidad Cristiana de Texas.

“[El Servicio Postal] era en muchos sentidos un faro de esperanza y oportunidad”, dijo Gooding, autor del libro “American Dream Deferred: Black Federal Workers in Washington, D.C., 1941-1981”.

Hasta hoy, los trabajadores negros están sobrerrepresentados en el Servicio Postal. Aunque son el 12%  de la fuerza laboral de Estados Unidos, representan el 19% de los carteros, el 38% de los dependientes y el 31% de los clasificadores de correo de la agencia. Los asiáticos también representan una proporción mayor que el promedio de la plantilla laboral de correos.

El robo de salarios dentro de la agencia podría perjudicar desproporcionadamente a estos trabajadores, pero eso no está claro aún. Los documentos de mediación y los registros del Departamento de Trabajo no registran la raza o el origen étnico de cada empleado. Sin embargo, los repetidos robos de salarios ponen en duda que el Servicio Postal sea un lugar deseable para trabajar.

“Nunca habría esperado esto de la oficina de correos”, dijo Campos, la cartera de Texas. “Éste solía ser un trabajo digno”.

Campos, quien ha trabajado como cartera durante tres años, dice que presentó tres quejas contra sus supervisores por trabajo no remunerado. Desde entonces han llegado a acuerdos, dijo, y la gerencia acordó pagarle una cantidad aún por determinar, incluyendo las horas extra que trabajó en una “ruta sobrecargada”, es decir, una ruta larga que regularmente tarda más tiempo en terminarse de lo que se supone.

Varios de sus compañeros de trabajo también están esperando que les paguen por razones similares, dijo, pero sospecha que nadie será castigado por el robo de salario.

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La mediadora del caso de San José le dijo al Servicio Postal que les pagara a los empleados lo que se les debe. Tran, Zambrano-Lay y otros carteros demandaron a la agencia en una corte federal unos meses después. Quieren una indemnización monetaria además de los salarios atrasados. Hasta febrero, el Servicio Postal les había devuelto a los empleados en ese caso un total de $570,000 dólares, según le informaron a la corte los abogados de ambas partes.

Es muy escasa la rendición de cuentas

Aproximadamente docenas de empleados se reunieron en una tensa reunión en una oficina de correos de San Antonio en febrero de 2019. El jefe de la estación, Rubén Vela, estaba nervioso. Les dijo que llegarían personas ajenas del sindicato para provocar problemas.

Cuando se presentó el delegado sindical Steven Ramírez, Vela lo encaró y lo regañó delante de todos los asistentes a la reunión, según un testigo.

Ramírez había descubierto que Vela y al menos otro supervisor habían borrado de forma regular las horas de trabajo de 25 empleados durante un periodo de dos años, según una decisión de mediación de ese mismo año. En algunos casos, según descubrió el mediador, el otro supervisor falsificó las iniciales de un empleado para aprobar los cambios.

Los empleados que estaban en la reunión de 2019 dijeron más tarde que Vela describió los cambios en la tarjetas de asistencia como un “simple error”.

El Center for Public Integrity no pudo ponerse en contacto con Vela para conocer sus comentarios al respecto.

Kirk Fraser, uno de los carteros presentes en la reunión, dijo que estaba destrozado, según el documento de mediación. Calificó esta práctica como un abuso de confianza “inmoral y atroz”.

“Está claro que la falsificación de decenas de formularios [de USPS] no es un simple error, sino algo que se hizo deliberadamente”, dijo el mediador, según la decisión. Él y algunos de sus compañeros dijeron que no entendían por qué Vela no había sido despedido.

En cambio, el Servicio Postal dijo en la mediación que a Vela se le había restringido temporalmente el acceso al sistema de tarjetas de asistencia hasta que pudiera volver a recibir capacitación sobre la forma correcta de manejar los cambios en las tarjetas de asistencia. La agencia le dijo al mediador que les había devuelto el dinero a los empleados.

Los representantes sindicales, Richard Gould y Adam Reyna, se mostraron indignados ante la ligera amonestación. Le pidieron al mediador que le ordenara al Servicio Postal que le prohibiera a Vela supervisar a los carteros.

“Este tipo de robo habría resultado en la destitución inmediata si lo hubiera perpetrado un cartero, pero inexplicablemente el Servicio Postal parece haber adoptado la postura de que a [sus] supervisores se les debe exigir menos que a los empleados del oficio que administran”, declararon los representantes sindicales.

El representante del Servicio Postal alegó que cualquier otro castigo afectaría la carrera del supervisor y lo privaría del “debido proceso”. El mediador decidió no imponer una sanción más severa, pues coincidió con ese argumento.

Se han desarrollado escenas similares en varias audiencias a puerta cerrada en todo el país. El Servicio Postal reconoce los cambios ilegales en las tarjetas de asistencia y se compromete a pagarles a los trabajadores. Un abogado sindical le pide entonces a un mediador que sancione a los supervisores implicados. Los mediadores dicen que no pueden hacerlo en virtud del contrato, y, en cambio, les ordenan a los supervisores que se capaciten.

Eso no siempre marca la diferencia. Un representante sindical le rogó a una mediadora de Chicago que tomara medidas después de que se descubrió que los supervisores habían borrado las horas trabajadas de los empleados en las 11 oficinas de la ciudad. Los mediadores internos ya les habían ordenado a esos supervisores que dejaran de hacerlo en múltiples ocasiones, pero no lo hicieron.

“Las órdenes de cese y desistimiento no han sido eficaces para convencer a la Gerencia de Chicago de que debe aplicar la prohibición de borrar las horas”, alegó el abogado sindical, según la decisión de diciembre de 2020. La mediadora dijo que no tenía autoridad para imponer sanciones monetarias, y en su lugar les exigió a los responsables de las oficinas de correos que se reunieran con los supervisores y les dijeran que dejaran de hacerlo. También le dijo al Servicio Postal que le permitiera al sindicato hacer revisiones periódicas de las tarjetas de asistencia.

Fredric Rolando, presidente de la Asociación Nacional de Carteros, se negó a hacer comentarios sobre casos individuales y dijo que el sindicato aborda el fraude de las tarjetas de asistencia mediante el sistema de mediación de quejas y en las cortes.

“Mientras tanto, estamos supervisando constantemente estas situaciones para asegurarnos de que USPS cumpla con las decisiones de mediación y los acuerdos de quejas”, le dijo en una declaración al Center for Public Integrity.

En un boletín de septiembre de 2019, Rolando lamentó que uno de los mayores problemas que enfrenta el Servicio Postal sea “una cultura tóxica en el lugar de trabajo que tolera el abuso y el robo de salarios y horas.”

Un cartero rural de Carolina del Norte comparó al Servicio Postal con un “ladrón de bancos”.

“Parece que la oficina de correos está por encima de la ley”, dijo el empleado, quien pidió permanecer en el anonimato por miedo a las represalias de sus supervisores. “Hacen prácticamente lo que quieren”.

El Servicio Postal sabe que tiene problemas

Los dirigentes del Servicio Postal saben perfectamente que muchos supervisores han sido sorprendidos engañando a los empleados. El inspector general de la agencia, su organismo de control independiente, ha auditado los registros de tiempo de decenas de oficinas de correos a lo largo de los años.

En una carta de 2009 dirigida al congresista Paul Hodes, la oficina del inspector general confirmó las quejas de que los supervisores de tres oficinas de correos de New Hampshire cambiaron las tarjetas de asistencia, lo cual provocó que a los empleados se les pagara casi $30,000 dólares de menos. Un año después, la oficina descubrió más de 160 cambios sospechosos durante una auditoría de un año de duración en tres oficinas de correos de Ohio, Carolina del Norte y New Hampshire. Al menos 75 de los cambios no estaban debidamente documentados. Los auditores dijeron que el Servicio Postal no contaba con sistemas adecuados para garantizar que los supervisores no engañaran a los empleados.

“Como resultado de esto, no pudimos determinar con certeza las razones por las que los supervisores alteraron los registros de tiempo y asistencia”, escribió el auditor principal.

El organismo de control recomendó que el Servicio Postal capacitara periódicamente a todos los supervisores, creara otro nivel de aprobación para cada cambio en las tarjetas de asistencia y realizara sus propias auditorías periódicas.

Dean Granholm, en ese momento jefe de reparto y operaciones del Servicio Postal, aceptó seguir las recomendaciones.

Pero el robo de salarios no se detuvo. En 2018, el inspector general alertó a los dirigentes de correos sobre el hecho de que más de 100 supervisores en el área de Boston habían cambiado los registros de tiempo, borrando cientos de horas de trabajo de 814 empleados postales durante un período de dos años. Los auditores revisaron una muestra de 199 cambios y descubrieron que la mayoría de ellos estaban mal documentados.

Granholm ya no trabaja para la agencia y no respondió a una solicitud de comentarios.

Finalmente, el inspector general analizó el problema a nivel nacional. Durante un período de seis meses en 2019, los auditores descubrieron que los gerentes habían eliminado más de 46,000 horas de trabajo de los empleados en todo el país. Los investigadores examinaron luego los registros de siete oficinas de correos de Illinois, Florida y la región de Washington, DC, y descubrieron que el 86% de los cambios en las tarjetas de asistencia reducían el pago de los empleados sin la documentación adecuada.

El inspector general hizo recomendaciones similares a las de auditorías anteriores: hablar con los supervisores sobre las normas de las tarjetas de asistencia y establecer un proceso para revisar periódicamente esos cambios. El Servicio Postal aceptó hacerlo.

Los carteros que hablaron con el Center for Public Integrity dicen que creen que los supervisores siguen recortando sus horas porque los aumentos de sueldo anuales de los directivos dependen de que se mantengan bajos los gastos en horas extras. Delegados sindicales y abogados hicieron las mismas afirmaciones en los expedientes judiciales. El Servicio Postal no quiso decir si de hecho vincula los aumentos de sueldo al gasto en horas extras.

Los carteros dicen que el robo de salarios continuará a menos que el Servicio Postal castigue a los gerentes que lo hacen.

Mientras tanto, algunos carteros toman fotos de sus hojas de asistencia o anotan sus horas en una libreta. Uno de los sindicatos desarrolló una aplicación móvil para facilitar este proceso.

A pesar de todo, Campos se niega a dejar su trabajo.

“He invertido mucho. No quiero irme”, dijo. “Tengo 59 años de edad. ¿Quién crees que me va a contratar?”

Reprinted by permission of The Center for Public Integrity.

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